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Noticia6 min de lectura24 de abril de 2026

Choritos chilenos y el mercado europeo: precio y competencia en 2026

Los bateeiros gallegos extrajeron 177.639 toneladas de mejillón en 2025, el peor registro desde que existen datos, tras cierres masivos por biotoxinas en el último trimestre. Para los mitilicultores chilenos que exportan a la Unión Europea, esa contracción de oferta competidora es una variable concreta a seguir en los próximos meses.

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La producción mejillonera de Galicia cerró 2025 en su nivel más bajo desde que existen registros. Los bateeiros extrajeron 177.639 toneladas, unas 1.200 menos que en 2024, en lo que ya es el tercer año consecutivo sin recuperación. La causa inmediata fue una ola de biotoxinas marinas que obligó a cerrar las rías gallegas durante noviembre y diciembre: en esos dos meses solo se cosecharon 30.780 toneladas, 20.500 menos que en el mismo período del año anterior.

Hasta octubre, el balance prometía. Los bateeiros acumulaban 146.850 toneladas, un 15% más que en 2024. El frenazo del último trimestre borró esa ventaja y dejó el año en rojo.

Por qué esto importa para la mitilicultura chilena

Galicia es el principal productor de mejillón de la Unión Europea (UE) y el competidor directo de Chile en ese mercado. Cuando la oferta gallega cae, el espacio disponible para el mejillón chileno —Mytilus chilensis— se amplía. No de forma automática, pero sí de forma real.

Chile es el mayor exportador mundial de mejillones de cultivo. Sus principales destinos son Europa, Estados Unidos y Rusia. En el mercado europeo, el mejillón chileno compite principalmente en el segmento de producto procesado y congelado, donde el precio y la disponibilidad de volumen son los factores determinantes de entrada.

Un estudio del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (INCAR) documentó algo que los exportadores chilenos ya intuían: el precio del mejillón de Chile tiene capacidad de influir en los precios de los mejillones importados en el mercado europeo. Dicho de otro modo, cuando Chile ajusta su precio de exportación, el mercado europeo lo siente. Esa posición no es habitual para un exportador de commodities marinos.

Tres años de producción gallega deprimida: qué significa en la práctica

En 2023 y 2024, la producción gallega también estuvo por debajo de las 178.000 toneladas. En 2025 cayó por debajo de ese umbral. Son tres ciclos consecutivos en que el principal productor europeo no cubre su potencial.

Las causas no son las mismas cada año. En 2025, el factor determinante fueron las biotoxinas. En años anteriores, la escasez de bivalvo respondió a otras variables. Lo que sí es constante es que la recuperación no llega: la Xunta de Galicia atribuyó la situación a un episodio de carácter biológico y circunstancial, y adelantó que la cosecha creció más de un 33% en el primer trimestre de 2026. Si ese dato se confirma, la oferta gallega podría recuperarse parcialmente durante el segundo semestre del año.

Para los exportadores chilenos, ese es el horizonte relevante: los próximos dos o tres trimestres, antes de que Galicia vuelva a operar con normalidad.

El consumo interno chileno y la paradoja del chorito

Chile produce para el mundo, pero consume poco de lo que produce. El mejillón chileno es valorado en mercados europeos, estadounidenses y rusos, mientras que en el mercado interno su presencia es marginal. Esa brecha no es nueva, pero tiene consecuencias concretas para la estructura de precios: los productores chilenos dependen casi completamente del precio de exportación, sin un mercado doméstico que actúe como amortiguador cuando los precios externos caen.

Cuando el precio en destino baja —por recuperación de la oferta gallega, por menor demanda europea o por presión de otros orígenes— los productores chilenos no tienen adónde redirigir el volumen. Esa dependencia es estructural y no cambia en el corto plazo.

El contexto macroeconómico europeo como variable de fondo

El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo sin cambios sus tipos de interés en marzo de 2026, en un contexto marcado por incertidumbre derivada del conflicto en Oriente Próximo y presiones inflacionarias al alza. El BCE proyecta que esa incertidumbre tendrá impacto en la inflación de corto plazo y en el crecimiento económico de la zona euro.

Para los exportadores de alimentos hacia Europa, ese contexto importa. Una zona euro con inflación elevada y crecimiento débil es una zona euro donde el consumidor aprieta el gasto en proteína de mayor precio. El mejillón, como proteína de bajo costo relativo, puede beneficiarse de esa presión —o puede verse afectado si la contracción del gasto es generalizada.

No hay datos disponibles en las fuentes consultadas que permitan cuantificar ese efecto sobre las importaciones de mejillón chileno. Pero es una variable que los exportadores con contratos de largo plazo en Europa ya están monitoreando.

Lo que la caída gallega no resuelve por sí sola

Una menor oferta competidora en Europa no se traduce automáticamente en mejores precios para el mejillón chileno. Hay condiciones que determinan si ese espacio se aprovecha o no.

Primero, la capacidad de respuesta en volumen. Si los productores chilenos no tienen producto disponible en el momento en que la demanda europea busca alternativas, el espacio lo ocupa otro origen —Turquía, Nueva Zelanda, o producto de acuicultura mediterránea.

Segundo, las certificaciones. El mercado europeo exige trazabilidad verificable y, en segmentos de retail de mayor valor, certificaciones como la del Aquaculture Stewardship Council (ASC). Los productores chilenos sin esas certificaciones acceden al mercado, pero no necesariamente al segmento de precio más alto.

Tercero, la logística. El flete desde Chile a Europa es una variable que en los últimos años ha absorbido parte del margen operativo de los exportadores medianos. Si el precio en destino sube pero el flete también sube, la mejora no llega al productor.

Ninguno de esos tres factores depende de lo que ocurra en Galicia. Dependen de decisiones y condiciones propias de la cadena exportadora chilena.

Lo que sí aporta la caída gallega es una ventana de demanda. Si se confirma que la producción gallega se recupera en el segundo semestre de 2026, esa ventana es estrecha. El primer semestre es el período en que la menor oferta europea es más visible para los compradores.

El indicador a seguir es la evolución de la cosecha gallega en el segundo trimestre de 2026. La Xunta adelantó un crecimiento superior al 33% en el primer trimestre. Si ese ritmo se mantiene, la presión competidora sobre el mejillón chileno en Europa vuelve a su nivel habitual antes de que termine el año.

Fuentes consultadas El mejillón chileno: Una estrella internacional

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