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Noticia4 min de lectura15 de abril de 2026

Conchas de mitílidos para infraestructura costera: investigación UCSC

Nashira Figueroa, doctoranda de la UCSC, investiga el uso de conchas de mitílidos para desarrollar infraestructura costera con menor huella ecológica. Si la investigación avanza, los productores de Chiloé y Los Lagos podrían tener un destino técnico para un residuo que hoy representa un problema operativo y regulatorio sin solución clara.

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La mitilicultura chilena genera miles de toneladas de conchas al año. La mayor parte tiene como destino formal vertederos autorizados. Es el residuo más visible del sector y, hasta ahora, uno de los menos resueltos.

Nashira Figueroa, investigadora del Doctorado en Ciencias con mención en Biodiversidad y Biorecursos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), trabaja en su tesis doctoral con una hipótesis concreta: que esas conchas pueden convertirse en material para infraestructura costera. El objetivo declarado es reducir la huella ecológica de las obras en borde costero y disminuir el impacto sobre la biodiversidad marina.

El residuo que nadie ha sabido resolver

Chile es el segundo productor mundial de mejillones de cultivo. La producción se concentra en la Región de Los Lagos, con Chiloé como epicentro. Cada tonelada de chorito cosechado genera una fracción significativa de concha que, una vez separada de la carne, no tiene mercado consolidado ni protocolo de disposición estandarizado.

Algunos productores proponen usar las como relleno en caminos rurales. Otros proponen devolverlas al mar de forma pero ambas propuestas aun no esta regulada. Una fracción menor llega a plantas que la procesan como enmienda calcárea para suelos agrícolas. Pero el volumen total supera con creces la capacidad de absorción de esos usos actuales.

El problema no es solo ambiental. Es también regulatorio: la acumulación de conchas en zonas no habilitadas puede derivar en observaciones de SERNAPESCA o del Servicio de Evaluación Ambiental, especialmente en centros que operan bajo certificaciones de sostenibilidad como ASC o BAP, donde la gestión de residuos sólidos es auditada.

Qué propone la investigación y qué falta saber

La tesis de Figueroa apunta a usar las conchas como componente de estructuras costeras: rompeolas, revestimientos, elementos de estabilización de orilla. La lógica es que el carbonato de calcio que compone la concha tiene propiedades físicas compatibles con ese tipo de aplicaciones, y que su uso reduciría la demanda de materiales convencionales —hormigón, roca extraída— con mayor huella de extracción.

La investigación está en curso. No hay resultados publicados disponibles en las fuentes consultadas, ni datos sobre resistencia estructural, vida útil en ambiente marino o costos comparativos frente a materiales convencionales. Esos son los números que determinarán si la propuesta tiene viabilidad más allá del laboratorio.

Lo que sí existe es un marco institucional que empuja en esa dirección. La Ley de Economía Circular, en tramitación, y las exigencias crecientes de los mercados europeos sobre gestión de residuos en acuicultura crean un contexto donde este tipo de investigación tiene más posibilidades de traducirse en política pública o en requisito de certificación que hace cinco años.

Por qué esto llega ahora al debate del sector

No es casualidad que este tipo de investigación emerja desde una universidad del Biobío con foco en biodiversidad marina. La UCSC tiene líneas de trabajo consolidadas en recursos bentónicos y ecosistemas costeros del sur de Chile. Figueroa trabaja en la intersección entre ingeniería costera y biología marina, un cruce que hasta hace poco no tenía espacio institucional claro.

El contexto también importa: los compradores europeos de choritos chilenos llevan al menos dos ciclos auditando la gestión de residuos como condición de acceso. No es un requisito formal todavía en todos los mercados, pero aparece con creciente frecuencia en los cuestionarios de due diligence de importadores alemanes, holandeses y escandinavos.

Para los productores medianos y las APE de Chiloé, la pregunta práctica no es si la investigación de Figueroa es correcta. Es si, cuando termine, habrá un mecanismo para que ese conocimiento llegue a escala operativa: una norma técnica, un programa de CORFO, un protocolo que SERNAPESCA pueda fiscalizar. Sin ese puente, la investigación queda en la academia.

Hay antecedentes de ese problema. Investigaciones sobre uso de residuos de mitílidos en Chile llevan más de una década acumulándose en repositorios universitarios sin traducción productiva. La diferencia esta vez podría estar en que el mercado, no solo la regulación, empieza a exigirlo.

El seguimiento concreto está en la UCSC: cuándo Figueroa defiende su tesis, qué resultados publica y si hay alguna empresa o institución pública vinculada al financiamiento. Si hay un convenio con el MOP, con CORFO o con alguna empresa mitilicultora detrás, eso cambia el horizonte de aplicación.

Fuentes consultadas https://eldesconcierto.cl/hoja-ruta/investigadora-ucsc-busca-utilizar-conchas-mitilidos-una-infraestructura-costera-mas-sostenible-n5458020

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