El cáligus no es una novedad en la salmonicultura chilena. Pero la forma en que se trata sí está cambiando — y los detalles técnicos de esa transición tienen consecuencias directas sobre la eficacia de los tratamientos y la vida útil de las herramientas disponibles.
En los últimos años, Caligus rogercresseyi ha mostrado pérdida de sensibilidad a varios antiparasitarios farmacológicos. Eso empujó al sector hacia métodos no farmacológicos, entre ellos el baño con agua dulce aplicado en wellboat. El problema: hasta hace poco, no había evidencia científica sobre cuánto tiempo debía durar ese baño para ser efectivo en todos los estadios del parásito.
Lo que el estudio determinó: el umbral de las 2,5 horas
Investigadores de Mowi Chile y de la Universidad San Sebastián publicaron un estudio que evaluó el efecto del agua dulce sobre estadios juveniles de Caligus rogercresseyi — específicamente chalimus I-II y chalimus III-IV — con tiempos de exposición de 1,5, 2,5 y 3 horas.
El resultado es claro: un tratamiento de más de 2,5 horas induce un efecto del 100% y una mortalidad de aproximadamente 95% sobre los estadios juveniles. Tiempos menores no alcanzan ese umbral.
"Esta estrategia permite evitar el desarrollo de pérdida de sensibilidad frente al agua dulce, ya que disminuye la posibilidad de que el parásito permanezca vivo en el pez y que transfiera a su descendencia esta capacidad." — Dr. Jorge Mancilla y Dra. Margarita González, autores del estudio.
La lógica es la misma que aplica a los antiparasitarios farmacológicos: si el tratamiento no elimina completamente al parásito, los individuos que sobreviven pueden desarrollar tolerancia. Y esa tolerancia se hereda. Noruega ya enfrenta ese problema con el agua dulce — los productores chilenos tienen la oportunidad de no repetirlo.
Por qué esto importa ahora: el contexto del manejo integrado
Durante 2024, el promedio de adultos móviles de Caligus en ciclo cerrado fue de 2,9 — un aumento respecto a 2023, según datos del Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal). La cifra se mantiene dentro de rangos manejables, pero la tendencia al alza refuerza la presión sobre los sistemas de control.
Al mismo tiempo, el uso de tratamientos farmacológicos ha caído de forma sostenida. El sector ha avanzado hacia un modelo de manejo integrado que combina métodos físicos, biológicos y farmacológicos — con el agua dulce como uno de los pilares no farmacológicos más utilizados.
En ese contexto, el estudio llega en un momento preciso: cuando el agua dulce ya es una herramienta de uso masivo, pero sin un protocolo científicamente validado para los estadios juveniles. Ese vacío es el que el trabajo de Mowi Chile y la Universidad San Sebastián viene a cerrar.
El Manual de Buenas Prácticas en Tratamientos por Inmersión contra Caligus rogercresseyi, publicado por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) en su segunda versión de 2022 y desarrollado junto a la Universidad Austral de Chile y el Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola (INCAR), ya establecía criterios generales para los tratamientos por inmersión. El nuevo estudio agrega evidencia específica sobre tiempos mínimos para estadios juveniles — un dato que ese manual no incluía con esta precisión.
El riesgo de la tolerancia: la lección noruega
Noruega es el caso de referencia que los investigadores chilenos citan explícitamente. Allí, el uso de agua dulce sin protocolos de tiempo adecuados derivó en poblaciones de piojo de mar con tolerancia al tratamiento. El resultado: una herramienta que debería ser de bajo riesgo se volvió menos confiable.
En Chile, Caligus rogercresseyi ya mostró pérdida de sensibilidad a algunos antiparasitarios farmacológicos. Si el agua dulce sigue el mismo camino, el sector pierde una de las pocas alternativas no farmacológicas disponibles a escala operativa.
El mecanismo es directo: si el baño dura menos de 2,5 horas, una fracción de los parásitos juveniles sobrevive. Esos individuos, al reproducirse, pueden transferir esa capacidad de resistencia a su descendencia. Con el tiempo, la población de Caligus en un centro puede volverse menos sensible al agua dulce — incluso si el tratamiento se aplica correctamente en términos de salinidad y temperatura.
Tecnología de detección: el otro frente abierto
Paralelo al debate sobre protocolos de tratamiento, el sector trabaja en herramientas de diagnóstico en terreno. Se ha desarrollado un sistema portátil para detectar resistencia de Caligus a medicamentos directamente en los centros de cultivo — sin necesidad de enviar muestras a laboratorio y esperar resultados.
La lógica detrás de esta tecnología es simple: si se puede saber en terreno si una población de Caligus ya desarrolló resistencia a un antiparasitario específico, el médico veterinario puede ajustar el protocolo antes de aplicar un tratamiento ineficaz. Eso reduce el uso innecesario de fármacos y evita que un tratamiento fallido acelere el desarrollo de resistencia.
La combinación de ambas líneas — protocolos validados para métodos no farmacológicos y diagnóstico rápido de resistencia para los farmacológicos — apunta a un modelo de manejo más preciso. No se trata de elegir entre agua dulce o fármacos, sino de saber cuándo y cómo usar cada herramienta.
Lo que el productor necesita saber antes del próximo ciclo
El estudio no cambia el protocolo de temperatura ni de salinidad del agua en los tratamientos. Lo que agrega es el tiempo mínimo de exposición para los estadios juveniles: más de 2,5 horas. Ese detalle operativo tiene implicancias directas en la planificación de los wellboats y en la capacidad de los centros para sostener tratamientos de esa duración sin afectar el bienestar de los peces.
Hay una tensión real aquí: los tratamientos más largos implican mayor estrés para los salmones. Los investigadores reconocen esa variable, pero señalan que la alternativa — tratamientos cortos que dejan parásitos vivos — tiene un costo mayor a mediano plazo, tanto en eficacia sanitaria como en el riesgo de generar tolerancia.
El promedio de adultos móviles de Caligus en 2024 fue de 2,9. Si esa tendencia continúa al alza en 2025 y 2026, la presión sobre los sistemas de control aumentará. Los centros que ya aplican agua dulce con tiempos inferiores a 2,5 horas están operando con un protocolo que la evidencia disponible no respalda para estadios juveniles.
El próximo indicador a seguir es la actualización del Manual de Buenas Prácticas de SERNAPESCA. Si incorpora el umbral de 2,5 horas como recomendación oficial para estadios juveniles, ese dato pasará de ser evidencia científica a ser criterio de fiscalización.
Fuentes consultadas Desarrollan sistema portátil para detectar resistencia de Caligus a medicamentos en terreno
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