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Índice / Estadística9 min de lectura24 de agosto de 2026

En 2025, la mitad de la ostra chilena del país salió de bancos naturales

En veinticinco años, la extracción desde bancos silvestres pasó del 4 % al 50,4 % de la producción nacional. El cultivo, con 444 centros autorizados, cayó a su nivel más bajo desde 2016 — y ningún estudio terminado mide cuánta ostra queda en los bancos.

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Quien cultiva ostra chilena, o evalúa hacerlo, tiene un dato nuevo sobre la mesa: la mitad de lo que el país produjo en 2025 no se cultivó, se extrajo de poblaciones silvestres. Hace veinticinco años esa proporción era del 4 %. Ocurre en un país con 444 centros de acuicultura habilitados para cultivar la especie.

En el golfete de Quetalmahue, comuna de Ancud, se fundó en 1910 la primera escuela de ostricultura de Chile. La creó Luis Castillo, biólogo del servicio estatal de pesca y caza, para enseñar a cultivar una especie nativa de solo dos lugares en el mundo: aquí y Nueva Zelanda. Duró poco: a mitad de la década sus instalaciones ya estaban arrendadas a privados, y el cultivo tampoco prosperó ahí.

Ciento quince años después, las cifras oficiales muestran esto: de las 516 toneladas de ostra chilena producidas en 2025, la mitad no se cultivó.

En el año 2000 la extracción de bancos naturales representaba el 4 % de la producción de la especie. En 2025 representa el 50,4 %. Desde 2017 el volumen total se mueve en una franja estrecha, entre 401 y 590 toneladas anuales. Lo que cambió no es cuánto se produce, sino de dónde sale.

Dos curvas que se cruzan

Cambiaron ambos componentes, y en direcciones opuestas.

La extracción subió sin pausa desde 2021: 115, 202, 204, 255 y 260 toneladas. El registro de 2025 es el más alto de la serie.

El cultivo retrocedió, pero más tarde. Entre 2017 y 2023 la cosecha de centros promedió 366 toneladas anuales, con un máximo de 398 en 2021. La caída empieza en 2024, con 301 toneladas, y se acentúa en 2025 con 256: el nivel más bajo desde 2016.

En 2025 las dos series se cruzan: 260 toneladas extraídas contra 256 cosechadas. Es la primera vez en los veintiséis años de la serie oficial. La diferencia es de cuatro toneladas y conviene no cargarla de significado: lo que importa no es el cruce, sino la pendiente que lo produjo.

El quiebre está en 2016: la extracción salta de 19 a 109 toneladas y no vuelve a bajar.

En 2025 toda esta producción ocurrió en un solo lugar: la Región de Los Lagos, sin registro en ninguna otra región del país.

La capacidad que no se usa

El catastro nacional de concesiones de acuicultura vigentes de julio de 2026 registra 444 centros autorizados para el grupo ostreidos, con 4.364,2 hectáreas, el 93,8 % en la Región de Los Lagos.

Esos 444 centros están habilitados para cultivar ostra chilena. La autorización se otorga por grupo de especie, y el grupo ostreidos comprende tanto la ostra chilena como la del Pacífico.

Entre todos produjeron 256 toneladas. El catastro no informa cuántos de esos centros cultivaron efectivamente ostra chilena, ni cuántos produjeron cero.

El listado registra centros autorizados para el grupo en diecisiete comunas de la región. Ancud y Quellón encabezan en número de centros, con 48 cada una; Castro y Curaco de Vélez lideran en superficie, con 499,5 y 478,9 hectáreas.

Conviene precisar qué no significa esa superficie. Una hectárea concesionada no equivale a una hectárea cultivada: el polígono incluye espacio de maniobra y áreas sin uso productivo, y en cultivos suspendidos la producción depende de los metros de cuelga, no de la proyección horizontal. Tampoco está dedicada a ostra: el 89,2 % de los centros con ostreidos está autorizado también para mitílidos. La cifra no es un indicador de rendimiento.

Lo que sí permite la serie es compararla consigo misma: esos mismos centros produjeron 398 toneladas en 2021.

La especie que resistió

La ostra del Pacífico llegó a Chile en 1977, con material procedente de Estados Unidos. Cuando se evaluó su introducción, los especialistas consultados no la habían recomendado. Traía un ciclo productivo más corto y tecnología probada, y alcanzó 7.089 toneladas en 2001. En 2025 produjo doce.

No fue un declive gradual: entre 2008 y 2009 pasó de 882 a 67 toneladas. Un intento de recuperación en 2018 y 2019 no se sostuvo.

Las series de ambas ostras se cruzan en 2009. En 2000 la japonesa representaba el 96 % de la producción nacional de ostras; en 2025 la chilena representa el 98 %.

La especie introducida, con mejor tecnología y mercado abierto, se contrajo un 99,8 % desde su máximo. La nativa, sin programa de fomento dedicado, sostuvo su producción durante veintiséis años.

El procesamiento

De las 516 toneladas producidas en 2025, 64 pasaron por plantas de proceso registradas: el 12,4 %. De esas 64, treinta y siete fueron a la línea de enfriado o refrigerado —la de mayor valor— y veintisiete a congelado.

De las 37 toneladas de enfriado, 25 se procesaron en la Región Metropolitana y 12 en la Región de Los Lagos. La producción es íntegramente regional; la elaboración de mayor valor, mayoritariamente no.

Lo que las series no dicen

Conviene ser explícito sobre los límites de estos datos.

No sabemos qué explica el escalón de 2016: coincide con la crisis sanitaria del sur, pero la coincidencia no establece causalidad, ni permite distinguir un cambio real de actividad de una modificación en el registro estadístico. Tampoco por qué la capacidad autorizada no se traduce en producción: disponibilidad de semilla, mercado, el ciclo de tres a cuatro años hasta talla comercial o decisiones de los titulares son explicaciones plausibles que las series no discriminan. Y si la caída del cultivo y el alza de la extracción están relacionadas: la extracción sube desde 2022 y el cultivo cae desde 2024, nada más.

Sobre todo, no sabemos cómo están los bancos. Las series registran volúmenes extraídos, no el estado de las poblaciones, y la especie se distribuye más al sur de donde se registra producción: su rango natural llega hasta las islas Guaitecas, en Aysén.

Un solo estudio en curso apunta a ese vacío: el Centro de Investigación Ecos evalúa, con financiamiento del Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura, la condición actual y futura del banco de la Reserva Marina Pullinque, en Ancud. Un segundo proyecto, de la Universidad Santo Tomás, ensaya la captación natural de semilla con prototipos en Ancud y Calbuco: no mide el estado de los bancos, pero ataca el mismo problema por el otro extremo, el de la dependencia.

Una simultaneidad

En enero de 2026 la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura estableció, mediante la Resolución Exenta N° 33-2026, cinco zonas de resguardo temporal en la Bahía de Ancud. Tres tienen a la ostra chilena entre los recursos que buscan recuperar: una destinada solo a la especie, por dos años, y otras dos por tres años, compartidas con almeja, pelillo y chicoria de mar.

El año 2025 es, por tanto, el último medido antes de esa decisión. Mientras los volúmenes extraídos alcanzaban su máximo histórico, el Estado resolvió proteger sectores para que la especie se recupere. Ambas cosas ocurrieron el mismo año.

Lo que está en juego

Una especie que se cultiva descansa sobre decisiones: cuánta semilla se capta, cuándo se cosecha, cuánto se deja crecer. Una que se extrae descansa sobre lo que haya. Cuando la mitad de la producción se desplaza del primer régimen al segundo, lo que cambia no es solo el origen del producto: cambia quién controla el volumen del año siguiente.

Y ese desplazamiento ocurre sin que nadie sepa cuánta ostra queda en los bancos. Las series miden lo que sale, no lo que hay. El único estudio que evalúa el estado de un banco se está ejecutando ahora, después de que la extracción registrara sus cuatro años más altos: la línea base llega cuando el desplazamiento ya ocurrió.

Nada de esto obliga a concluir que los bancos estén en riesgo. Obliga a algo más incómodo: que hoy no hay cómo saberlo. Un sector que produce 516 toneladas al año, la mitad de origen silvestre, sobre una especie que fuera de Chile solo existe en Nueva Zelanda, está tomando decisiones sin línea base.

Nota metodológica

Series 2000–2024: panel de desembarques cronológicos de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, sobre anuarios de Sernapesca. Año 2025: archivos sectoriales de Sernapesca, cosechas de centros de cultivo y desembarque artesanal por especie y región. Son fuentes distintas del mismo sistema estadístico y sus definiciones de cosecha de cultivo y desembarque artesanal son equivalentes, pero corresponde consignar el cambio de fuente al citar la serie completa. Las sumas fueron verificadas contra los totales publicados; los totales generales del Anuario Estadístico 2025 coinciden con las cifras difundidas por Sernapesca: 1.525.400 t de cosechas de acuicultura, 1.715.681 t de desembarque artesanal y 4.508.338 t de desembarque total.

Concesiones: listado nacional de concesiones de acuicultura vigentes de julio de 2026, único listado oficial publicado por la Subsecretaría, con 3.129 registros verificados contra la fuente. Procesamiento: Anuario Estadístico 2025, tablas de materia prima y producción, y de tipo de producto. Marco normativo de la autorización por grupo de especies: Reglamento de Concesiones de Acuicultura, DS N° 290 de 1993 del Ministerio de Economía, artículo 21 bis, que permite a quien tiene autorizado el cultivo de una especie de un grupo operar sobre cualquiera de las demás, siempre que ello no implique aumentar la producción autorizada. Zonas de resguardo: Resolución Exenta N° 33-2026 de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, de 6 de enero de 2026, publicada en el Diario Oficial el 22 de enero, dictada conforme al Plan de Manejo de Recursos Bentónicos de la Bahía de Ancud, aprobado por Res. Ex. N° 1184 de 2017 y modificado por Res. Ex. N° 2 de 2026, que incorporó la figura de las zonas de resguardo temporal.

Estudios en curso: proyecto FIPA 2023-24, ejecutado por Centro de Investigación Ecos Ltda., consignado en ejecución por la Subsecretaría; y proyecto ANID IT25I0058 de la Universidad Santo Tomás sobre captación natural de semilla mediante soluciones basadas en la naturaleza.

Antecedentes históricos y biológicos. La condición de especie nativa de Chile y Nueva Zelanda está establecida en literatura científica revisada por pares —Toro, Oyarzún, Toledo, Navarro, Illesca y Gardner (2022), Genetics and Molecular Biology— y en el World Register of Marine Species, que consigna el origen de la especie como nativo no endémico. La fundación de la escuela de ostricultura de Quetalmahue en 1910 y el arriendo posterior de sus instalaciones provienen de literatura secundaria del sector y no de fuente documental primaria. La introducción de la ostra del Pacífico en 1977, con material procedente de Estados Unidos e ingreso por la Región de Coquimbo, proviene de la revisión bibliográfica elaborada en el marco del Piloto Cultivo Ostra Chilena.

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