La salmonicultura chilena lleva años discutiendo automatización. Ahora hay equipos en el agua. ScaleAQ opera en Chile con jaulas circulares, cámaras de monitoreo de 360 grados, salas de alimentación controladas de forma remota y sistemas de vacunación automatizada. AKVA Group, por su parte, declaró públicamente que busca reducir su dependencia del mercado noruego y crecer en Chile como uno de sus mercados prioritarios.
Dos empresas con estrategias distintas, pero con el mismo destino: los centros de cultivo del sur de Chile.
Qué ofrecen estas tecnologías en la práctica
Las jaulas circulares que ScaleAQ instala no son solo una forma diferente de contener peces. Su geometría distribuye mejor las corrientes dentro de la jaula, reduce zonas de acumulación de materia orgánica en el fondo y permite mayor uniformidad en el crecimiento de los ejemplares. En condiciones de alta densidad — que es la norma en los centros chilenos — eso se traduce en menor mortalidad y mejor conversión alimentaria.
Las cámaras de 360 grados integradas al sistema permiten monitorear el comportamiento del cardumen en tiempo real, sin necesidad de buzos ni embarcaciones de apoyo permanente. El operador puede ver desde tierra o desde una sala de control remota qué ocurre dentro de la jaula: si los peces están comiendo, si hay signos de estrés, si la distribución es uniforme.
La alimentación remota cierra ese ciclo. El sistema ajusta la dosificación según lo que las cámaras registran, reduciendo el desperdicio de pellet — uno de los costos variables más relevantes en la operación de un centro de cultivo.
La vacunación automatizada es quizás el componente con mayor impacto en bienestar animal y en costo operativo. Vacunar manualmente a millones de smolts por ciclo requiere mano de obra intensiva, genera estrés en los peces y tiene tasas de error que afectan la cobertura inmunológica. Un sistema automatizado estandariza el proceso y libera personal para otras tareas.
AquaSur 2026: el escaparate donde estas tecnologías se midieron con el mercado chileno
Entre el 24 y el 26 de marzo de 2026, Puerto Varas fue el punto de encuentro de la acuicultura global. AquaSur reunió a cerca de 500 expositores de 40 países en un recinto de 80.000 metros cuadrados. La feria incluyó demostraciones en vivo, lanzamientos tecnológicos y un congreso internacional con foco en automatización, eficiencia productiva y sostenibilidad.
Para empresas como ScaleAQ y AKVA, AquaSur no es solo una feria comercial. Es el lugar donde sus tecnologías se confrontan con las condiciones reales del sur de Chile: corrientes de los fiordos, distancias logísticas, disponibilidad de técnicos capacitados y estructura de costos de los operadores locales.
Que ambas compañías hayan reforzado su presencia en Chile en este período no es casual. El mercado chileno es el segundo productor mundial de salmón del Atlántico, y enfrenta presión simultánea desde varios frentes: exigencias sanitarias más estrictas, costos laborales en alza, mayor escrutinio ambiental y compradores internacionales que piden trazabilidad verificable como condición de compra.
AKVA y la apuesta por diversificar fuera de Noruega
AKVA Group es uno de los proveedores tecnológicos más grandes del mundo para la acuicultura de salmónidos. Su negocio ha estado históricamente concentrado en Noruega, donde la salmonicultura opera a escala y con regulación madura. Pero el gerente general del grupo en Chile fue explícito: la estrategia es que el éxito de AKVA no dependa solo del mercado noruego.
"Queremos que no todo el éxito de AKVA dependa de Noruega, sino que de los otros mercados." — Gerente general de AKVA Group en Chile
Chile es el mercado natural para esa diversificación. Tiene volumen, tiene infraestructura instalada y tiene una industria que lleva décadas comprando tecnología escandinava. Lo que AKVA busca ahora es profundizar esa relación: no solo vender equipos, sino ofrecer integración de sistemas, soporte técnico local y soluciones adaptadas a las condiciones del sur austral.
Para un productor chileno, eso puede significar acceso a tecnología con soporte más cercano — aunque también implica evaluar si la propuesta de valor de AKVA compite en precio y adaptabilidad con otras opciones disponibles en el mercado local.
Mowi y la capa digital sobre la operación física
Mowi Chile avanza en paralelo con una agenda que combina energía solar, economía circular y digitalización. No es solo una declaración de sostenibilidad: es una respuesta a la presión de los compradores europeos, que desde hace varios años incorporan criterios ambientales y de huella de carbono en sus decisiones de compra.
La digitalización que Mowi describe apunta a lo mismo que ScaleAQ y AKVA ofrecen como producto: tener datos operativos en tiempo real, tomar decisiones con información verificable y poder demostrar a un auditor externo cómo se produjo cada lote. Eso es lo que los mercados de mayor valor exigen hoy.
La diferencia es que Mowi lo desarrolla internamente, como parte de su operación integrada. Los productores independientes o medianos que no tienen esa escala dependen de proveedores externos para acceder a las mismas capacidades.
Lo que esta ola tecnológica implica para operadores de distinto tamaño
Las tecnologías que ScaleAQ, AKVA y Mowi despliegan no tienen el mismo costo de entrada para todos. Una jaula circular con sistema de alimentación remota y cámaras integradas representa una inversión de capital significativa. Para una empresa con 20 o más centros de cultivo, el retorno se distribuye y el acceso a financiamiento es más directo. Para un operador con dos o tres concesiones, la ecuación es distinta.
Eso no significa que la tecnología sea inaccesible para los medianos. Significa que el modelo de adopción es diferente: arrendamiento de equipos, contratos de servicio, incorporación gradual por centro. Algunas de estas opciones ya existen en el mercado chileno. Otras están en desarrollo.
Lo que sí es claro es que la brecha tecnológica entre los operadores que automatizan y los que no lo hacen se amplía con cada ciclo productivo. Los costos de mano de obra, los estándares sanitarios y las exigencias de trazabilidad no van en la dirección contraria.
El programa de vigilancia de Floraciones de Algas Nocivas (FAN) agrega otra variable. Según información publicada en marzo de 2026, la acuicultura avanza hacia sistemas de alerta temprana que permiten pasar de la detección a la acción en ventanas de tiempo más cortas. Los centros con monitoreo digital integrado están mejor posicionados para responder a esas alertas — y para documentar la respuesta ante la autoridad.
La próxima referencia concreta a vigilar es la actualización del Plan de Adaptación en Pesca y Acuicultura de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca). El documento en elaboración incorpora propuestas de investigadores de más de 25 instituciones chilenas y aborda cambio climático, variabilidad oceanográfica y riesgo productivo. Si ese plan incorpora estándares de monitoreo digital como condición para nuevas concesiones o renovaciones, el calendario de adopción tecnológica para los operadores que aún no han dado ese paso se acorta.
Fuentes consultadas ScaleAQ apuesta por tecnología para transformar la acuicultura chilena
Los planes de AKVA para expandir su negocio salmonicultor
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